Nacional Yucatán

Mis tortillas de colores son mi pasaporte: Juana Bravo, cocinera tradicional

La violencia familiar se puede acabar desde los “fogones” del hogar

Por María Alejandra Escobar González

Juana Bravo, cocinera tradicional de la comunidad purépecha de Angahuan, Uruapan, en el estado de Michoacán, hizo poner de pie a las más de 3 mil personas que se reunieron durante su intervención en la mesa panel “Culturas Originarias y Paz Regional”, en el marco de la 17 World Summit of Nobel Peace Laureates que se realizó en Mérida, Yucatán.

Angahuan es una comunidad purépecha localizada a 32 kilómetros de la ciudad de Uruapan en el estado de Michoacán, México. La palabra proviene del purépecha “Angahuani” que significa Lugar después de la pendiente. Es una comunidad de origen prehispánico que aún conserva sus costumbres y tradiciones.

Juana Bravo Lázaro es maestra de la cocina tradicional mexicana y que ha llevado el nombre de nuestro país muy en alto, tan es así que ha participado en Long Beach City en el sexto Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana.

Juana Bravo, participó en la Plenaria 2: Culturas Originarias y Paz Regional de la Cumbre Mundial de los premios de la Paz, y lo hizo a lado de Rigoberta Menchú Tum, el Rev. Bernice King, Ben Moussa, Sello Hatang que tuvo como moderadora a Paola Rojas.

Durante su intervención recalcó lo siguiente: Esperemos que la violencia de cada comunidad se acabe y esto se puede ser por medio del fogón que nosotros tenemos derecho. Ahí platican las abuelas con los nietos o los hijos, ahí donde piden una tortilla con salecita y si nosotros no prestamos ese tiempo a la familia, el mundo seguirá igual lleno de pura violencia.

De niña yo no sabía con quién quedar bien si con mi mamá o papá, éramos 5 hermanos y no sabíamos con quién irse, sin tener comida porque mi papá se gastaba todo en la “borrachera”, mi mamá enojada por lo que hacía mi papá y un niño no sabe qué hacer ni con quién quedar bien, por eso yo hablo mucho de la violencia.

Y por eso ahora no lo puedo creer que estoy aquí delante de ustedes, porque soy una indígena, una mujer purépecha que nunca agarré un lápiz para estudiar, ni una hoja de cuaderno, pero estoy dando clases de repostería en mi comunidad, de cocina, de nixtamalización, mole purépecha y yo soy muy criticada en mi comunidad. Cuando salí de ahí me decían que andaba en malos pasos, pero mis hijos me apoyaban y sabían realmente que es lo que yo hacía.

Trabajo con 83 mujeres en mi comunidad y les enseño a elaborar rebozos, yo las ayudo a vender su producto en otros países.

Yo soy viuda y mucha gente me ha criticado dicen “porque esa mujer sale tanto de la comunidad”. Ya fui a África, Francia, Canadá, desde el 2005 no me han dejado en paz para llevar mis conocimientos. Me dicen que por qué puedo salir si no tengo estudios, pero gracias a mi inteligencia puedo leer, no tengo practica para escribir, muchos me dicen que soy maestra, la verdad no soy maestra porque no tengo estudios, yo tengo el conocimiento de mis antepasados.

Crecí en medio de la violencia y yo desde pequeña ayudaba a mi abuela a preparar ingredientes, porque ella padecía de la rodilla. Ella me enseñó todo lo que sé de cocina y artesanía, logré cursar hasta el tercer grado de primaria para ayudar en casa.

A los 36 años Juana Bravo quedó viuda y con 5 hijos. En el pueblo decían que una mujer no puede salir del pueblo en 1 año por el luto. “A los 3 años de viuda empecé a salir de mi pueblo porque tengo ganas de trabajar, de salir adelante; muchos me decían ¿para qué sales tanto? y yo respondo para que no haya tanta violencia en las familias.

Los problemas y la violencia se olvidan dentro de la familia, hay que platicar con nuestros hijos, que ellos sepan del por qué hay mucha mamá soltera. Yo tengo 3 hijas y a ella las eduqué dentro de mi fogón, de lo que se debe hacer para salir adelante y de lo que no se debe hacer para vivir más felices, con amor.

Estoy orgullosa de que me hayan invitado a esta cumbre. Cuando gusten ir a visitarme, yo vivo al pie del volcán Paricutín en Angahuan, Uruapan, en el estado de Michoacán.

Ella nació en el año de 1959 en Angahuan. Recordó que antes que aprendiera a cocinar, le enseñaron a elaborar artesanías. Pero su padre, como guía de turistas, solía invitar a los visitantes a comer a su casa, ya que en la comunidad nadie preparaba comida para vender; así fue como empezó su labor como cocinera.

Recuerda que el ser joven y viuda no fue nada fácil, pues tenía que alimentar a sus cinco hijos. Su situación económica cada vez se dificultaba. Un día, cuando caminaba por las calles de su comunidad, una señora le preguntó si sabía quién podía preparar comida para una muestra gastronómica en Uruapan y logró cocinar resultando ser todo un éxito.

Después comenzaron a invitarla a más festivales locales y fue así como comenzó a trabajar con el equipo promotor de comida tradicional.

En el 2005 viajó a París para llevar, junto al equipo mexicano, una muestra para que la gastronomía nacional fuera considerada Patrimonio de la Humanidad. “Mis cornudas y mis tortillas bicolores fueron el pasaporte para representar a mi país” recordó.

En el año 2010 la gastronomía nacional tuvo el distintivo de la UNESCO, y Juana también participó en Nairobi, Kenia.

Actualmente imparte cursos de capacitación a mujeres de su comunidad y región para que la tradición no se pierda. Le gusta enseñar con la práctica, nada de recetas, pues piensa que este conocimiento debe transmitirse de generación en generación.

De este modo, queda claro que la cocina tradicional mexicana es muy importante, aparte de que nos otorga identidad como personas, manifiesta la unión de la familia mexicana.

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Mérida, Yucatán