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Turismo

“Si aprendimos a cuidarnos, también cuidemos la salud de la laguna al regresar a nuestras actividades”

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Vivimos una transición que nos ha puesto a prueba en muchos aspectos de la vida como la conocíamos, inmersos en la cotidianidad a custodia de un mundo que era imposible detener. Hoy aprendimos que lo más valioso que tenemos es nuestra salud y la de nuestros seres queridos y también aprendimos que  la naturaleza comenzó a recuperarse al detenernos le dimos un “respiro”.

Anhelamos regresar a nuestras actividades, puesto que, también la economía y el tejido social dependen de ello, y tenemos hoy la oportunidad de crear una nueva realidad y tanto nuestra salud como la de la naturaleza dependen de nuestras acciones.

Quienes vivimos cerca de la laguna de Bacalar o la hemos visitado conocemos la magia que trasmite, no es solo su belleza paisajística, es la representación de lo que es estar realmente viva con todos los elementos que cohabitan con ella: manglares, cenotes, estromatolitos, aves, peces, caracoles, e inclusive nosotros.

Sin embargo desde hace algunos años ha comenzado un deterioro acelerado por el crecimiento y mala planificación de las actividades antropogénicas ya que, el territorio requiere un cuidado especial debido al sistema natural tan particular y frágil.

Los últimos dos meses ante la emergencia sanitaria por el COVID-19 pudimos apreciar cambios que muestran una recuperación inminente de la laguna, como una mayor transparencia, vegetación más abundante, mayor avistamiento de fauna en sitios donde hace mucho tiempo no se podían observar.

Es posible reactivar las actividades comerciales en armonía con la naturaleza, a partir de esta premisa en 2019 cerca de 300 personas de todos los sectores creamos “el Programa de Gestión Común y Uso Turístico de la Laguna de Bacalar” (PROTUR).

Un programa que aporta las claves para el manejo sustentable de las actividades náuticas, a través de la zonificación que se ha categorizado en función de la fragilidad del ecosistema, el tamaño y distancia de los grupos y el impacto antrópico actual.

Con 5 zonas de conservación y 16 zonas de uso turístico, mediremos indicadores de impactos a través del límite de cambio aceptable y capacidad de carga turística, con estrategias para evitar daños tanto a la laguna como a los estromatolitos, a los caracoles chivita, a los manglares y a las aves.

El PROTUR busca unificar el mensaje donde los visitantes conocen, aprenden y disfrutan de los sitios que visitan en colaboración mutua que perpetua las experiencias de sus atractivos únicos.